La noche bosteza su negritud entre termóforos incandescentes. Los últimos fulgores rojizos de la puesta solar, extintos ya en la memoria del autor, se olvidan
a su vez del horizonte. Sobre las manos obreras una forma cónica se estremece; de cuando en cuando las destilaciones del exceso de humedad se enjugan,
mimosamente, con la esponja; la chamota asoma entonces en superficie como textura en carne de gallina. La pella de pasta refractaria, blanda, jugosa, en
obra incipiente desde íntima proyección, parécele a su progenitor dotada de vida electrizante. Hay que dar ánimo al barro -dice para sí-, que ya se alza
trémulo, con el palpitar de un primer soplo, réplica feroz al Génesis: "barro eres y en latido eterno te has de convertir; no adorarás a tu creador porque
su mortalidad es aún mayor que la existencia efímera de tu manufactura; él, sucumbirá antes al reto del tiempo mientras persistes en el tránsito pausado
de los siglos".
Así pensaba, sentía, inmerso en una especie de estío de Capricornio hasta que le volvió la consciencia. El éxtasis, la flotabilidad estética en el ámbito
de la fantasía, se tornaron realidad cruda, derrota en la verdadera plenitud de la aflicción del pragmatismo cotidiano: Las escurriduras, sentidas hasta
el codo por los antebrazos del autor, no eran barbotina sino sangre fresca procedente del muñón de un hombre amputado por el tercio medio de su muslo izquierdo; las palpitaciones del cuerpo arcilloso que empujaba en el vaivén de la amasadura, habíanse convertido en latir múltiple de serpientes arteriales; los cambios
de volumen, los desplazamientos, las obligaciones deforma y torsión que exige la mente del expresionista, se invertían en convulsiones y espasmos producto
del dolor insufrible que manifestara el lisiado. Manaba pus que no agua cálida; eran gritos de convaleciente, no exclamaciones en el acontecer lúdico entre
parejas pobladoras de jardines vecinales; carne, carne de muñón desgarrado que no barro rojo, ni gres, ni porcelana fina... De nuevo Moisés vencía a la
soberbia infundiendo el soplo vital, trágico, en la esperanza estética; la realidad insulta a la belleza de la posibilidad inerte; la biología destruye a la física y a la química inanimadas, antes de aspirar a geometrías; la inmortalidad humilla a la eternidad y rompe la simbiosis del orden y el concierto.
¡Viva Satán!, que intenta burlar las fronteras de lo infinito y someter sin tregua al poder establecido, mediante la "rebeldía cultural", mediante la luz
del conocimiento; ¡muera Dios!, por omnipotente, por omniscio, por dividir el Universo en bien y mal, por hacer en el canibalismo eucarístico tragar dios
para que cada uno sea dios y El, general y ubicuo. |